Tarde o temprano en nuestra carrera profesional nos enfrentamos a la necesidad de negociar las condiciones laborales.

Es común que sintamos que merecemos mejores condiciones debido a nuestro compromiso, profesionalismo y buenos resultados. Pero cuando pensamos en solicitar, por ejemplo, un aumento de sueldo, mayor flexibilidad laboral, o un cambio en la cantidad de horas de trabajo, fácilmente caemos en actitudes nada saludables, como son la culpa, incomodidad e inseguridad, lo que no nos permite abordar la situación de manera asertiva.

Diversos estudios muestran que la dificultad para negociar se da mayormente en mujeres y personas pertenecientes a grupos de especial protección, como son las personas migrantes, personas LGBTIQA+, personas mayores y personas con discapacidad. Es así como las brechas que afectan a estos grupos, tanto en el acceso como en el progreso en el mundo laboral, también se reflejan al momento de negociar mejores condiciones. Influyen en esto la falta de habilidades de negociación, el miedo a la reacción que solicitudes de este tipo podrían generar, y el bajo nivel de confianza que se tenga con la jefatura.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Conseguir información es una de las respuestas. El saber cuáles son los sueldos de mercado y beneficios que otras personas tienen en cargos similares, puede proporcionar un buen parámetro de comparación. Puedes encontrar esta información en tu red, en contactos de tus conocidos, en reclutadores de talento y en diversos estudios.

Suele ocurrir que, al momento de postular a un cargo, estés más susceptible a aceptar la oferta de trabajo tal como la recibas. Sin embargo, la negociación de la compensación es algo esperable en el proceso de selección, y estás en todo tu derecho a poner el tema sobre la mesa. Se trata sobre tu tiempo y trabajo.

Pero no todo es el sueldo. Las compensaciones son integrales, incluyendo también las oportunidades de capacitación, la flexibilidad laboral para un mejor balance vida personal- trabajo, y beneficios como son tickets de almuerzo, seguros médicos y convenios de salud.

Si ya estás trabajando en la empresa, siempre podrás optar a mejorar tus condiciones laborales. Como base, la comunicación permanente con la jefatura es un elemento a cuidar. En el caso que las reuniones de equipo no lo permitan, asegúrate de procurar un momento semanal o periódico, en que compartas con tu jefatura las tareas que estás desarrollando, tus logros y cumplimiento de indicadores asociados, de manera que sepa en qué estás, te ayude a priorizar y no subestime tu carga de trabajo.

El comunicar lo que se hace es parte del posicionamiento necesario en el contexto laboral; por eso no solo la jefatura, si no que el equipo de trabajo debe conocer tus labores. Es un error asumir que todas las personas saben lo que hacemos, y el contarlo puede servir como validación social al momento de negociar mejores condiciones.

Además, hay que tener presente que la negociación es siempre una conversación que requiere de un contexto apropiado para desarrollarse; un día de cierre de mes o un día en que una urgencia ha desestabilizado el ambiente laboral, podría no ser el mejor momento. Como queremos que sea una buena conversación se debe preparar con tiempo, y no tenerla cuando las decisiones respecto a los aumentos de sueldo ya están tomadas. Además, no todo se centra en el sueldo. Es apropiado preguntar acerca de la opinión de tu jefatura respecto a tu contribución, y qué expectativas tiene en torno a tu desempeño.

Al momento de abordar esta conversación, puede ser que los nervios te traicionen y terminen por arruinar todo lo preparado. ¿Cómo prevenir estas reacciones viscerales? Un buen tip es pensar por quién se está haciendo este esfuerzo, no solo en el por qué. Por los hijos, por una mejor situación económica para ayudar a familiares, por una mejor calidad de vida para mí misma, por un proyecto personal que quiero desarrollar; entre otros. El motivarse de esta manera, puede ayudar a situarte desde un lugar propio de fortaleza que te hará sentir más segura al momento de negociar.

Otro buen tip es practicar. El escribir lo que se quiera decir y practicar frente a un espejo o persona cercana, puede ayudar a prepararte y controlar los nervios.

Dado que estamos solicitando algo, hay que tener presente que podrías recibir una respuesta negativa por parte de la jefatura. En vez de contestar con una respuesta emocional, podemos considerar un “no” de buena forma, ya que un “no”, no significa un “nunca”, sino que puede significar un “después”, o que ya es tiempo de buscar nuevos rumbos.

También un “no” como respuesta a una solicitud de aumento salarial, te puede abrir la puerta para solicitar otras formas de compensación y beneficios, como son flexibilidad laboral o más días para trámites personales.

Para tener presente: el valorarse como profesional va de la mano con negociar las condiciones en las que ingresas y te desarrollas en una empresa. Para eso, debes conocer cuál es el rango mínimo de sueldo por el que estás dispuesta a trabajar, y qué beneficios podrían hacer más atractiva para ti una oferta laboral.

Poner en valor tu experiencia laboral, habilidades y conocimientos es muy importante, y es una habilidad crítica para tu desarrollo laboral y conciliación con tu vida personal, maternidad o vida familiar.

 

Si te interesa este tema y quieres ahondar aún más, te invitamos a revisar la siguiente conversación  https://youtu.be/MnEcMjV6kJs con  Ashley Cash, Niani Tolbert y Jordan Sale.

 

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