Dentro de las organizaciones, por lo general, las mujeres tienen miedo de “hablar mucho” por las consecuencias que eso puede acarrear para ellas, siendo calificadas de “mandonas”, “pesadas”, “demandantes” o “conflictivas”, entre otras cosas. Desafortunadamente, ese miedo está en lo correcto.

Incluso las mujeres que ya han alcanzado puestos de liderazgo hablan de hecho menos que sus contrapartes masculinas por temor a las consecuencias.

Una investigación hecha por la profesora de Yale Victoria Brescoll así lo demuestra. Se les pidió a diversos profesionales que clasificaran, cuan competentes era el tipo de liderazgo de aquellos ejecutivos que expresaban sus opiniones. Los ejecutivos hombres que hablan más fueron reconocidos como un 10% más competentes, mientras que las mujeres que hablan más fueron penalizadas con un 14% menos.

Liderazgo en las mujeres y cómo expresarse

Es complicado expresarse laboralmente siendo mujer, diversos estudios muestran que somos más interrumpidas, nuestras opiniones menos valorizadas y nuestros esfuerzos mal interpretados. Este sesgo está tan enraizado en nuestra cultura que podemos ver sus efectos en todos los ámbitos de acción. Todas las mujeres necesitan aprender herramientas de comunicación efectiva para luchar contra este sesgo y más importante todavía, las empresas que quieren tener un mejor desempeño y más resiliencia deberían luchar para deshacerse de él.

Tanto hombres cuanto mujeres tienden a percibir negativamente a las mujeres líderes que hablan “mucho”.

Un estudio publicado en Academy of Management Journal muestra que independiente de si las personas que hablan son hombres o mujeres, los gerentes tienden a recompensar más las intervenciones expresadas en forma de apoyo que aquellas hechas en forma desafiante, aun cuando estén apuntando al mismo objetivo.

Otras formas de luchar contra este sesgo es que dentro de las empresas se organicen solicitudes de propuestas vía formularios anónimos o que se determine que en las reuniones no se pueda interrumpir a los participantes por una cantidad de minutos determinada. Pero la solución real y más estructural es incluir mujeres en puestos de liderazgo para que la cultura organizacional vaya cambiando en todos los niveles. Un estudio publicado en APA PsycNet muestra que, aunque los hombres poseen más autoconfianza en sus habilidades, las mujeres son de hecho más eficientes en materia de liderazgo.

 

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